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Cómo irte a vivir al extranjero por primera vez te cambia la vida

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Your journey will lead you to famous domestic and foreign beauty spots.

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Cómo irte a vivir al extranjero por primera vez te cambia la vida

Aún recuerdo la fecha, el 23 de octubre del 2010, y eso que tengo memoria de pez, pero la recuerdo porque significó un antes y un después en mi vida. Siempre me había gustado viajar, pero digamos que a partir de ahí me di cuenta de que esa era mi verdadera pasión en este mundo. Mi primera experiencia viviendo en el extranjero fue en mi querida Irlanda, país del cual ni siquiera sentía gran atracción antes de irme a vivir allí, pero que acabó conquistándome con la belleza de sus paisajes y la amabilidad de su gente. Cualquier persona que haya decidido salir de su zona de confort para irse a vivir al extranjero estará de acuerdo conmigo en que es una experiencia que te cambia la vida para siempre y estos son los motivos:

Conoces a gente de todo el mundo por lo que aprendes a decir palabrotas y cosas estúpidas en una sinfinidad de idiomas, pruebas comidas típicas reales de un montón de países diferentes y descubres que hay muchas maneras de ver la vida y que (casi) todas ellas son válidas, te das cuenta de lo grande y lo pequeño que puede llegar a ser el mundo al mismo tiempo y empiezas a quitarle importancia a las pequeñas tonterías del día a día.

Te despierta el aventurero que llevas adentro. Tus ganas de conocer e investigar por los pequeños rinconcitos de cada lugar van en aumento, hasta que un día incluso te encuentras haciéndolo en tu propia ciudad, empiezas a ver belleza en sitios que no la veías antes.

vivir en el extranjero

Te vuelves más sociable. Llegas a un nuevo lugar y no conoces a nadie así que no te queda otra que hacer amigos. A veces conoces a gente de la manera más inesperada posible, como esperando en la cola del autobús, cosa que en tu ciudad nunca harías.

Tu definición de normal se vuelve más amplia. Básicamente, vivir en el extranjero te abre la mente. Recuerdo la primera vez que una persona me contó que se iba a ir a viajar sola, pensé que estaba loca y que yo sería completamente incapaz de hacerlo y mírame ahora, es prácticamente mi forma de vida.

Te conviertes es una persona muy independiente. Estás a miles de kilometros de tus seres queridos, no conoces a nadie que te pueda ayudar, por lo que cuando se te presenta un problema, no tienes más remedio que sacarte las castañas del fuego tu solito.

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Cada vez tienes menos cosas materiales y te resulta más fácil deshacerte de ellas. Te das cuenta de que necesitas poco para ser feliz y sinceramente, tampoco estás dispuesto a pagar los kilos extra en el equipaje.

Si en el país al que te vas hablan un idioma diferente al tuyo, te vas a dar cuenta de que hay palabras que no tienen traducción o que simplemente explican mejor ciertos términos por lo que empiezas a incorporarlas a tu vocabulario incluso cuando hablas en tu propio idioma.

Te vuelves más adaptable. Tus planes de vida son capaces de cambiar 500 veces en muy poco tiempo y no te queda otra que adaptarte a esos cambios, así que aprendes a dejarte llevar por el momento.

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Te acostumbras a decir adiós. Esta es una de las cosas que peor llevo de este tipo de vida. Conoces a gente increíble con la cual compartes un periodo muy intenso de tu vida, pero llega el momento de despedirse sin saber siquiera si algún día vas a volver a verlos de nuevo. Aún así, te encanta saber que tienes amigos por todo el mundo (alojamiento gratis, yeiii!!), y que quizás pasen años sin que os podáis ver, pero que el día que os volváis a encontrar va a ser como si el tiempo no hubiera pasado. ¿Sabes cual es la parte buena de las despedidas? ¡Los reencuentros!

Nunca vas a poder sentirte en casa de nuevo porque no sabes donde está ese lugar. Vayas donde vayas vas a echar de menos a personas, lugares, sabores y sensaciones. Esta es probablemente la parte más agridulce de todas. Cuando estás fuera no puedes evitar echar de menos tu ciudad, cada vez que vuelves a casa te alegras de ver a tu familia y a tus amigos y por unos días todo son reencuentros y buenos momentos, pero al poco tiempo empiezas a agobiarte y a querer a hacer las maletas de nuevo. Si alguna vez te has sentido así, siento decirte que ya no hay vuelta atrás, pero alégrate porque esto significa que has vivido una experiencia que en mi opinión todos tendrían que vivir al menos una vez en la vida, pues ni todos los libros del mundo te enseñan lo que has aprendido durante ese periodo de tiempo. Para mí, ésta es la mejor escuela de la vida.

Ana Marco

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