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Por qué viajar a San Petersburgo, te enamorarás

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Por qué viajar a San Petersburgo, te enamorarás

¿Nunca te has preguntado cómo es realmente la Rusia de Putin? ¿Que se esconde detrás de las ultra protegidas fronteras de uno de los países más grandes del mundo? Al haber crecido con padres húngaros, siempre he sentido no tanto como odio, pero tal vez más como una especie de desdén hacia Rusia y todo lo ruso. Quizás debería resaltar que este desdén no proviene de mi padre, si no más bien de mi madre. Al haber estado expuesta a tanta influencia soviética en su infancia le ha dejado muchos malos recuerdos, algunos demasiado intensos como para poder librarse de ellos fácilmente. A ella Rusia no es ni mucho menos lo que más le interesa. Sus experiencias se me pegaron de tal manera que pronto me acostumbré a la dinámica de tener una madre que desprecia Rusia y un padre a la que le apasiona (al menos más que a la mayoría de los húngaros). Además, mi curiosidad ha ido creciendo con los años porque mi hermano vive en Kirkenes, Noruega, justo al lado de la frontera con Rusia.

canales en San Petersburgo

canales en San Petersburgo

Hace dos años estuve pensando en viajar por un mes a Rusia con mi novio de aquel entonces. El plan era empezar en Moscú o Murmansk y ir para un lado o para el otro. Nunca lo llegamos a hacer. Esa fue la vez que más cerca he estado de viajar a Rusia… Hasta que recibí un email de mi aerolínea favorita en la que me decía que mi bonus iba a expirar. Investigando que destinos podía elegir para beneficiarme del descuento San Petersburgo fue el único que me llamó la atención. Normalmente me considero una persona bastante valiente, pero ir sola a Rusia era demasiado para mí… Así que llamé a la única persona con la que me imaginaba haciendo ese viaje. Mi padre.

Muy pronto me di cuenta de que viajar a Rusia no es algo que puedas hacer de un día para el otro. Necesitas mucha planificación y requiere millones de trámites, incluyendo solicitud de visado, entrevista personal en la embajada y alguna que otra cosa más.. Pero cuando por fin estuve enfrente del Palacio de Invierno me olvidé de todas las dificultades: porque so es lo que Rusia consiguió de mí, hechizarme.

La verdad es que no sabía qué esperar, pero antes de meternos en la cama el primer día ya estaba sorprendida para bien. Quizás fue gracias al taxista, que fue muy hablador y amistoso, a pesar de que su inglés era tan limitado como el ruso de mi padre, que por cierto mejoró un montón durante nuestra estancia. Quizás fue por por el pequeño y acogedor café al que fuimos, igual que cualquier de mis favoritos en Copenhague, donde comimos una deliciosa comida vegana. Quizá fue gracias a las vistas de la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada que estaba iluminada durante la noche. No podría saberlo, pero mi fascinación no paró aquí. Fue en aumento.

Palacio Catalina - San Petersburgo

Nuestra primera experiencia fue el Museo Hermitage  y el Palacio de Invierno. Recuerdo como entré a la gigantesca plaza y pude admirar la belleza y el colorido del edificio con la bandera Rusa ondeando al viento desde la cima. Al contemplarlo, creo que realmente entendí en que rincón del mundo me encontraba. Recuerdo cuando estuve en Ciudad del Este en Paraguay. Un lugar al que nunca pensé que iría. Era prácticamente el mismo sentimiento que me llegó ahí de pie mientras admiraba ese espléndido edificio.

Hay montones de lugares que ver en San Petersburgo. Afortunadamente teníamos casi una semana para explorar todo. Uno de los más espectaculares que me viene a la memoria es la Iglesia de Cristo el Salvador de la Sangre Derramada, la fortaleza de San Pedro y San Pablo donde el hermano de Lenin estuvo prisionero, la Avenida Nevsky que es la principal y lleva a la Catedral Smolny.

Iglesia del Salvador de noche - San Petersburgo

Supongo que de alguna forma inconsciente siempre había esperado que Russia estuviera repleta de historia por todos sus rincones, y está hipótesis se confirmó con todos los monumentos que visité. Pero jamás imagine que fuera tan evocador. Aunque esté repleto de tiendas de souvenirs y lugares turísticos, especialmente dirigidos a los turistas de los cruceros que la visitan durante solo un día, la ciudad tiene algo que te atrapa y te hace olvidar que has aterrizado a una meca para turistas.

Catedral Smolny, San Petersburgo

San Petersburgo tiene el encanto de que aunque sabes que estás en Rusia, como europeo (especialmente si eres de Europa del Este) sentirás que nunca has dejado tu casa. Porque por la proximidad de Finlandia y el resto de los países nórdicos, la arquitectura es muy similar a la de sus vecinos. Sin embargo, la ciudad tiene una atmósfera única, incomparable al de otras ciudades del norte de Europa. Quizás es la frescura de la vida cultural que se encuentra en le avenida Nevsky. Músicos callejeros, pintores, bailarines y mucho más se han integrado tanto en la avenida que ya son parte de ella, es evidente que no están allí solo por los turistas, sino por ellos mismos. Es muy evidente al ver los rostros de los adolescentes, ilusionados de actuar enfrente de sus amigos en Nevsky.
Caminando por Nevsky y contemplando su belleza, me hizo preguntarme si todo Rusia sería así. Pero afortunadamente no es así. Un día, mi padre y yo decidimos caminar lejos de la zona de Nevsky. Acabamos en una parte de San Petersburgo que no estaba diseñada para turistas. Sus edificios probablemente permanecían intactos desde la Unión Soviética. Aunque no eran bonitos, había algo atrayente en ellos. Quizá porque son parte de otro capítulo de la historia rusa que me resulta muy familiar.

Palacio de Invierno - San Petersburgo

Sin embargo, el momento que me dejó totalmente sin respiración no fue en San Petersburgo, si no en el Pushkin. En Pushkin se encuentra uno de los palacios más bellos del mundo: el Palacio de Catalina. Aunque no es el palacio original, ya que se quemó y ha sido restaurado completamente a mano. El resultado es una maravilla en azul claro que creo que todos deberíamos disfrutar. Me sentí tan abrumada por su belleza cuando caminaba por sus jardines, que apenas podía pensar en nada más. Llegamos muy pronto, pero aún así tuvimos qu hacer una cola de un poco más d una hora, mientras veíamos con las plazas se iban desvaneciendo hasta dejarnos con una de las últimas disponibles. No obstante, no nos importó mucho porque el parque alrededor del castillo era muy amplio y incluso una tarde entera no habría sido suficiente para visitarlo. El interior del palacio es simplemente espectacular, estoy segura de que no dejará indiferente a nadie. No contratamos un audio guía porque el servicio estaba cerrado, pero es recomendable documentarse antes de la visita. Tuve la suerte de tener mi guía particular, mi padre, quien conocía toda la historia del palacio, pero no creo que consigáis encontrar fácilmente alguien con la misma pasión por la historia rusa.

Catedral del Salvador - San Petersburgo

Ir a San Petersburgo fue una decisión acertada. Me di cuenta, de que en contra de lo que creía, la mayoría de los rusos son amistosos y serviciales (excepto el tío que abrió mi mochila e intentó robarme la cartera aunque conseguí pillarle a tiempo). A veces, la cantidad de palacios y catedrales a tu alrededor puede llegar a ser apabullante, pero incluso para mí, que no soy una friki de la historia rusa, creo que vale la pena visitarlos todos. Cada uno representa una parte diferente de la larga y sangrienta historia rusa. Pero no te quedes solo con esa parte de la ciudad, pasea por Nevsky, tomate un café en otra zona, prueba los piroqs de un puesto callejero y entonces, estoy segura de que habrás experimentado San Petersburgo de verdad.

Barbara Jeszenszky

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